Al llegar ya la decoración de la entrada te dice que el sitio en cuestión no es un restaurante al uso.

Frank es el encargado de explicarte qué vas a comer y qué ingredientes tiene que cada plato, además de decirte que: "esto está buenííiiisimo que te mueres".
Lo primero que comimos fue de entrada un ajopuerro calentito

Almejas con ajo, perejil y crema de coco, que aunque no lo parezca, estaba que te chupabas los dedos.
Seguimos con crepes de merluza a la cerveza que estaba que te mueeeeeeeeres de bueno-

Tiras de ternera al curry, que si lo mezclabas con el pescado estaba rico, rico.
Sorbete de naranjas ecológicas de la huerta que tienen ellos y de donde sacan casi todos los alimentos con los que cocinan (se nota).

Brochetas de cerdo ibérico y cordero (no estoy muy segura), imposible de terminarlas por la cantidad.

Postres:
Fruta variada y tabla de quesos de diferentes lugares: Suizo, de la tierra, Manchego...
Mousse de chocolate blanco, pastel de nata y castañas, y el último de cerezas.

Y para bajarlo, licores sin y con alcohol, bueníiiisimos todos (ahora, el agua de fuego, que es aguardiente con guindilla, teeeeela).

Y con todo esto, para casa a intentar hacer la digestión. Consejo personal: Si podéis elegir, ir por la mañana para poder pasear por los pueblos y bajar la comida, y si elegís la cena, no comáis ese día... Ah, y si estáis a dieta... ¡Al cuerno con la dieta!
